Las vacaciones.
Escribir desde el reposado
periplo de las vacaciones, es verdaderamente descongestionante: sin tareas
pendientes, notas que pasar, apuntes que revisar y otro sin fin de quehaceres
propios de nuestra cotidianidad como docentes, todo esto es de por si
maravilloso; pues bien, las vacaciones –festividades religiosas, patrias,
tradicionales y demás- tienen una notación histórica variada interesante y no
la podemos ver en el mero deambular, es decir, no podemos ver estas como el
simple hecho o una determinación de gobierno, pues, tras de ella está toda una
tradición que la secunda.
Para empezar considero que los
anales de los tiempos de tranquilidad están en las festividades griegas, donde
se reunían a ver las tragedias, aquellas épocas de vendimias eran las propicias
para descansar observando toda esa propuesta escénica en medio de la producción de la uva; así,
entre algo de bebida y un poco de teatro descansaban los griegos -sin ser esta,
la connotación de vacaciones que tenemos hoy día-; pero, si los griegos
disfrutaban de días de entretenimiento, los romanos no fueron ajenos a éstos espacios: sus grandes espectáculos
excéntricos los llevaron a considerar fiestas para todo, llegando incluso a la
fatalidad, como lo fue “el circo Romano” donde parte de sus presentaciones
incluían gladiadores, fieras devorando a judíos, entre otras. Al lado de estos
espacios momentáneos, la historia nos relata los inicios de unas vacaciones
lejos de los puntos de residencia: se inicia cuando el emperador Adriano envía
a construir una vía que comunica a Roma con España -llamada por la época “Galia”-
y esta a su vez con la región del rio Danubio. Para los veranos las familias
patricias y funcionarios romanos, salían a disfrutar de aquellas carreteras
contemplando sus paisajes y obviamente cambiando de ambiente, estos realizaban
sus viajes en carruajes tirados por caballos llamados pilentum y carpentum.
Ya sea observando un espectáculo en
temporadas cortas -saliendo de la rutina- o viajando propiamente, lo cierto es
que disfrutamos de estos tiempos. Para la edad media en las partidas de Alfonso
X el sabio, hace constar en sus textos que los jueces fueron los primeros en otorgárselas
en el verano, todo debido a la baja actividad de la época. A esta decisión se
le adicionó el clero, y con este vienen las vacaciones escolares.
La costumbre de ahí en delante de
veranear se popularizó entre la aristocracia francesa del siglo XVIII. Con esta
actividad se puede decir que se dio el llamado “turismo moderno”. Con los
desplazamientos se van a ver afectados los medios de transporte, las
localidades adonde se llega y los sitios que deben recrear el mantenimiento de
las personas. En el libro "Orígenes de la Francia Contemporánea",
Hipólito Taine, menciona cómo la idea de veranear se impuso entre los
aristócratas franceses en 1800. Iniciando el verano, abandonaban sus mansiones
parisinas para viajar a la región de Champagne. Se trasladaban en larguísimas
caravanas que incluían coches, caballos, sirvientes, animales y hasta médicos
personales. Una vez instalados en su lugar de veraneo, se dedicaban a cazar,
comer, beber, bailar y recibir invitados. En 1836 se publicaron en Alemania las
primeras guías de viajeros y empezaron a construirse hoteles en los nuevos
balnearios. Recién después de 1850, con la expansión del ferrocarril, las
clases populares pudieron hacer sus primeras incursiones en el turismo
programado.
Los días de descanso se fueron
extendiendo tanto que, en 1936, el gobierno francés tuvo que aprobar una serie
de derechos sociales que incluían el reconocimiento a las vacaciones pagadas.
La especialista Roxana Kreimer
explica que "en el siglo XX nace el ideal de vacaciones para todos,
avalado por la publicidad y los medios de prensa". En el período de
entreguerras, la radio y la prensa escrita comienzan a divulgar la idea de que
la verdadera vida ya no residía en el trabajo, ni en los negocios, ni en la
política, ni en la religión, sino en las vacaciones. "Unos pocos días al
año propiciarían la verdadera vida, en la que se aseguraba la liberación de un
cuerpo que empezaba a ser comprendido como el ámbito por excelencia de la
identidad personal", enfatiza Kreimer. Este aparte me lleva a parafrasear
al escritor ruso Antón Chejov, cuando mencionaba lo prosaica y poco poética que
tiene la existencia, frente al disfrute y alegría que es la vida misma.
De historia entonces se puede ver
que si estamos de vacaciones, estas han costado todo un recorrido y no se
limita a la decisión de algunos. Ahora pensemos ¿por qué de las vacaciones? Son
justamente el respiro de la cotidianidad, ese mismo que hace que no podamos
crear; en el ejercicio propiamente del día a día la persona se ve envuelto en
su producción, y no en su creación; cuando se hace la evaluación del año es
cuando se necesita oxigenar para volver a re-pensar la cotidianidad. Nos
mataríamos si no existieran los periplos vacacionales y no importa si estos son
asuetos, de todas formas necesitamos de ellos, para seguir adelante.
Espero que hayan pasado unas
vacaciones descansadas y re-pensadas para continuar en esta tarea de hacer
mejores personas para una humanidad que necesita humanizarse, que dejemos las
diferencias y caminemos unidos en pos de un planeta mejor.
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