lunes, 12 de agosto de 2013

Respirar por salud.

Las vacaciones.


Escribir desde el reposado periplo de las vacaciones, es verdaderamente descongestionante: sin tareas pendientes, notas que pasar, apuntes que revisar y otro sin fin de quehaceres propios de nuestra cotidianidad como docentes, todo esto es de por si maravilloso; pues bien, las vacaciones –festividades religiosas, patrias, tradicionales y demás- tienen una notación histórica variada interesante y no la podemos ver en el mero deambular, es decir, no podemos ver estas como el simple hecho o una determinación de gobierno, pues, tras de ella está toda una tradición que la secunda.
Para empezar considero que los anales de los tiempos de tranquilidad están en las festividades griegas, donde se reunían a ver las tragedias, aquellas épocas de vendimias eran las propicias para descansar observando toda esa propuesta escénica  en medio de la producción de la uva; así, entre algo de bebida y un poco de teatro descansaban los griegos -sin ser esta, la connotación de vacaciones que tenemos hoy día-; pero, si los griegos disfrutaban de días de entretenimiento, los romanos no fueron ajenos a  éstos espacios: sus grandes espectáculos excéntricos los llevaron a considerar fiestas para todo, llegando incluso a la fatalidad, como lo fue “el circo Romano” donde parte de sus presentaciones incluían gladiadores, fieras devorando a judíos, entre otras. Al lado de estos espacios momentáneos, la historia nos relata los inicios de unas vacaciones lejos de los puntos de residencia: se inicia cuando el emperador Adriano envía a construir una vía que comunica a Roma con España -llamada por la época “Galia”- y esta a su vez con la región del rio Danubio. Para los veranos las familias patricias y funcionarios romanos, salían a disfrutar de aquellas carreteras contemplando sus paisajes y obviamente cambiando de ambiente, estos realizaban sus viajes en carruajes tirados por caballos llamados pilentum y carpentum.
Ya sea observando un espectáculo en temporadas cortas -saliendo de la rutina- o viajando propiamente, lo cierto es que disfrutamos de estos tiempos. Para la edad media en las partidas de Alfonso X el sabio, hace constar en sus textos que los jueces fueron los primeros en otorgárselas en el verano, todo debido a la baja actividad de la época. A esta decisión se le adicionó el clero, y con este vienen las vacaciones escolares.
La costumbre de ahí en delante de veranear se popularizó entre la aristocracia francesa del siglo XVIII. Con esta actividad se puede decir que se dio el llamado “turismo moderno”. Con los desplazamientos se van a ver afectados los medios de transporte, las localidades adonde se llega y los sitios que deben recrear el mantenimiento de las personas. En el libro "Orígenes de la Francia Contemporánea", Hipólito Taine, menciona cómo la idea de veranear se impuso entre los aristócratas franceses en 1800. Iniciando el verano, abandonaban sus mansiones parisinas para viajar a la región de Champagne. Se trasladaban en larguísimas caravanas que incluían coches, caballos, sirvientes, animales y hasta médicos personales. Una vez instalados en su lugar de veraneo, se dedicaban a cazar, comer, beber, bailar y recibir invitados. En 1836 se publicaron en Alemania las primeras guías de viajeros y empezaron a construirse hoteles en los nuevos balnearios. Recién después de 1850, con la expansión del ferrocarril, las clases populares pudieron hacer sus primeras incursiones en el turismo programado.
Los días de descanso se fueron extendiendo tanto que, en 1936, el gobierno francés tuvo que aprobar una serie de derechos sociales que incluían el reconocimiento a las vacaciones pagadas.
La especialista Roxana Kreimer explica que "en el siglo XX nace el ideal de vacaciones para todos, avalado por la publicidad y los medios de prensa". En el período de entreguerras, la radio y la prensa escrita comienzan a divulgar la idea de que la verdadera vida ya no residía en el trabajo, ni en los negocios, ni en la política, ni en la religión, sino en las vacaciones. "Unos pocos días al año propiciarían la verdadera vida, en la que se aseguraba la liberación de un cuerpo que empezaba a ser comprendido como el ámbito por excelencia de la identidad personal", enfatiza Kreimer. Este aparte me lleva a parafrasear al escritor ruso Antón Chejov, cuando mencionaba lo prosaica y poco poética que tiene la existencia, frente al disfrute y alegría que es la vida misma.
De historia entonces se puede ver que si estamos de vacaciones, estas han costado todo un recorrido y no se limita a la decisión de algunos. Ahora pensemos ¿por qué de las vacaciones? Son justamente el respiro de la cotidianidad, ese mismo que hace que no podamos crear; en el ejercicio propiamente del día a día la persona se ve envuelto en su producción, y no en su creación; cuando se hace la evaluación del año es cuando se necesita oxigenar para volver a re-pensar la cotidianidad. Nos mataríamos si no existieran los periplos vacacionales y no importa si estos son asuetos, de todas formas necesitamos de ellos, para seguir adelante.
Espero que hayan pasado unas vacaciones descansadas y re-pensadas para continuar en esta tarea de hacer mejores personas para una humanidad que necesita humanizarse, que dejemos las diferencias y caminemos unidos en pos de un planeta mejor.

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