“El adonis olvidado”
“El gran clásico es un hombre del que se
Puede hacer el elogio sin haberlo leído”.
Gilbert Keith Chesterton
Permanentemente se escucha entre los jóvenes exclamaciones como: “A mí no me gusta leer”, “leer, eso para que”, “me duermo cuando leo”, etc. Estas y una cantidad de frases parecidas van en cadena afirmando lo mismo, negando algo que es inmanente en el ser humano, inclusive podría afirmarse de manera muy rápida que hasta los animales poseen tal cualidad. Leer no es una actividad en particular, no es decodificar, no se limita a la simple fijación de algo o de alguien; leer es una vasta actividad que implica la movilización de los más profundos saberes de los seres. Originalmente las definiciones generales de leer nunca han contemplado más que procesos cognitivos, acercamientos entre texto-lector, y en el mejor de los casos hacer un acercamiento al acto como tal; se pueden observar algunas definiciones textuales para ilustrar este postulado: “Leer es un proceso de interacción entre el lector y el texto, proceso mediante el cual el primero intenta satisfacer (obtener una información pertinente para) los objetivos que guían su lectura”[1], o “El leer no es únicamente adquirir conocimientos ni entretenimiento por separado, sino que supone abrir la mente a situaciones poco conocidas de forma cercana, entrar en mundos imaginados pero con la rudeza y los conflictos de este mundo y así comprenderse mejor a sí mismo y a todos, llevando a cabo una ampliación de la concepción de la verdad, tan protegida por este sistema nuestro, tanto, que es imposible conocerla”[2] o de pronto la más clásica: “leer. (Del lat. legĕre). tr. Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. || 2. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Leer la hora, una partitura, un plano. || 3. Entender o interpretar un texto de determinado modo. || 4. En las oposiciones y otros ejercicios literarios, decir en público el discurso llamado lección. || 5. Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido. Puede leerse la tristeza en su rostro. Me has leído el pensamiento. Leo en tus ojos que mientes. || 6. Adivinar algo oculto mediante prácticas esotéricas. Leer el futuro en las cartas, en las líneas de la mano, en una bola de cristal. || 7. Descifrar un código de signos supersticiosos para adivinar algo oculto. Leer las líneas de la mano, las cartas, el tarot. || 8. p. us. Dicho de un profesor: Enseñar o explicar a sus oyentes alguna materia sobre un texto.”[3]. Nótese que ninguna definición toca la naturaleza del lector. El actor activo de la lectura bajo estas definiciones solo se concibe como un receptor en unos casos, y en el mejor de ellos, como generador de pensamiento; ninguno toma este actor en su totalidad. Cuando se hace referencia del lector total se hace referencia a ese lector que sueña, vive, siente, proyecta, es todo un mar de vida, generador de otro texto independiente del que lee, y el momento en que lo hace. La aproximación mas puntual a este detalle se puede ver en “Pierre Menard” de Jorge Luis Borges, donde este sin ser escritor del Quijote lo produce. Al igual que el anterior se puede tomar como ejemplo la anécdota de Freud, cuando la preocupación de éste en aprender el idioma español, era leer el “Quijote”; con toda seguridad que el sicólogo ya había leído en su idioma el libro, pero necesitaba leerlo en el idioma original y producir un nuevo texto. La recreación de Ítalo Calvino en su texto “por que leer los clásicos” nos da cuanta clara que en la relectura esta la esencia de los aprendizajes. Pero retomando la tesis se podría aportar que, además de esa movilización de saberes, ese mar de emociones, de ese mundo imaginario, esta la posibilidad de realizarlo en todo momento: “de la cuna hasta la tumba” para parafrasear un poco al maestro Gabriel García Márquez. Por todo lo dicho anteriormente es imposible decir que: “no me gusta leer” o cosas parecidas cuando desde que se nace eso es casi que lo único que hacemos; leemos el gesto de la madre, leemos en su rostro los estados de ánimo, leemos los juegos que se nos hacen, leemos los amigos, y seguimos eternamente leyendo; algunas veces gráficos, otros códigos lingüísticos, animaciones, rostros etc. Toda la vida leemos, y nunca dejaremos de hacerlo, de ahí que el maestro Estanislao Zuleta haya hablado de la lectura como “Trabajo”, y se alejaba en sus discursos cada vez mas de la idea de lo lúdico, cuando este ejercicio es parte de la cotidianidad; este detalle sin pensar que esa cotidianidad está cargada de angustias y demás, ya que se pasaría en ese caso a desglosar toda la concepción filosófica de la vida.
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