lunes, 11 de noviembre de 2013

Lecturas

Las siguientes páginas son algunas reflexiones que quiero, sean leídas para la socialización en horas de clase.
De antemano se que éstas deben ser el abre-bocas para una discusión mucho más profunda, ya que, sobre el tema de "respeto" esta la base de todo el manejo que se le pueda dar al tema, del "periodismo", más ahora, cuando en la Habana se discuten situaciones que van a ser fundamentales en el futuro del país; aunque se sabe que hay personas en contra de la paz, seguiremos insistiendo en las salidas negociadas. como recomendación final pueden leerse la última comuna del escritor William Ospina titulada "La ayuda inesperada" publicada el 9 de noviembre-13.  

El respeto por la diferencia
El periodismo en Colombia

Consultar sobre la historia del periodismo en Colombia  y la libertad de prensa

Elaborar un texto argumentativo donde se plasme la posición personal con respecto a la libertad de prensa en Colombia.

miércoles, 23 de octubre de 2013

A propósito de el Cali Exposhow

LAS CHICAS DE ALAMBRE, UNA LECTURA PSICOANALÍTICA

Mario Elkin Ramírez 
NEL-Medellín

El escritor catalán Jordi Sierra i Fabra, hizo una reedición en el 2001 de su novela corta Las chicas de alambre[1]. En él recrea el mundo de las top models, que realizan el sueño de miles de adolescentes contemporáneas, pero muestra su reverso de pesadilla, el costo de ese breve sueño, pagado con frecuencia por ellas con el cuerpo, objeto de la anorexia, de la bulimia, de las drogas y de la muerte.
Su lectura permite una reflexión psicoanalítica de cómo en la contemporaneidad, caracterizada por una alianza perversa entre el discurso de la ciencia y el discurso del capitalismo, el mercado ha tomado el cuerpo de miles de adolescentes como una mercancía, con valor de cambio y un valor de uso breve, con una obsolescencia programada de máximo diez años; de tal modo que si no mueren en el intento, o caen en la prostitución, la pornografía, la toxicomanía u otros destinos sociales (pulsionales), a los veinticinco años ya estarán fuera del mismo, y solo algunas, realmente escasas, con un éxito social y una relativa firme posición subjetiva que lo soporte.
A las chicas de alambre fue “la delgadez que las llevó primero al éxito, que incluso les dio el nombre, y que, finalmente, las acabó matando”[2].

Belleza y estrago
Una de ellas, proveniente de una familia de clase media americana, respetable y fanática religiosa, su madre la trató desde su infancia como una reina de belleza y alguna vez le dijo: “Dios te ha hecho hermosa para algo; de lo contrario te habría hecho como a cualquiera otra mujer. Haz, pues, que el Señor se sienta orgulloso de ti”[3]. En ese significante, del que ella hace letra, está la marca de un Nombre-del-Padre, pero bajo la forma de un imperativo superyoico, que le marca un destino, una misión, la hace un instrumento en el que la belleza cumple una función. Ella fue, en consecuencia, la “imagen perfecta de la América sana y maravillosa que preconizaban los propios estadunidenses”[4]. Pero ese mandato materno “había sido el detonante”[5] que provocó su efímera gloria y también su estrago.

Una aspirante a chica alambre dirá después que en esa elección también cuentan los sueños “de sus madres, que están gordas como focas, y buscan el éxito de sus nenas para paliar sus propios fracasos”[6].
Se recuerda a la primera top model, Evelyn Nesbit, quien “en 1901 llegó a New York, a los quince años, acompañada de su inevitable madre –todas tienen una madre celosa y protectora, hasta que ellas mismas se independizan, cansadas de su celo”[7].

A la otra chica de alambre, hija de somalíes y nacida en el Cairo, su padre, luego de hacerle la ablación del clítoris a los nueve años, la había vendido a un traficante de camellos, al cual ella se le escapó a sus trece años. Pasó la frontera de Etiopía y encontró un empleo en una casa, donde un amigo francés de su empleador, vino a descubrirla y llevarla a París.       
La marca de esta chica era distinta, su belleza física contrasta con su frialdad sentimental, “muerta en vida, no podía amar a nadie”[8], por su trágico origen; desecho familiar y “rescatada” por un capitalista, que luego la explotará en el negocio de las top models y la inducirá a las drogas para que se mantuviera delgada. Su madre no aparece en el relato, pero el gesto del padre se constituye como una devastación para su hija.

La madre de la tercera chica de alambre muere pronto. Fue una hija ilegítima por lo que apenas fue reconocida por un padre, quien no se ocupará de ella ni quería saber nada de su suerte, ella queda al lado de una tía soltera, quien después se muestra indiferente por su venturas o desventuras.

E Nesbitt (1885 – 1967)

Es alguien “sin ninguna raíz”[9] que luego fue descubierta en España, a los trece años, por un fotógrafo que le hizo “su primera sesión como mujer y vaticinó su futuro”[10].

La narración atrapa al lector que quiere saber el destino de ésta última chica, desaparecida desde hace diez años, luego del suicidio de las otras dos; la una por sobredosis de morfina, la otra por una ingesta de anfetaminas, luego de saberse infectada por el sida, pues, habiendo sido una de las mujeres más bellas del mundo no soportaba la idea de la decrepitud física que le impondría la enfermedad.

El interés de la novela es que el autor investigó durante diez años, los entresijos del mundo de estas chicas, que son elevadas a la dignidad de modelos de miles de adolescentes, tan anoréxicas como ellas “por degeneración”[11], y que hacen de la delgadez un icono de una belleza que coquetea muy de cerca con la muerte.

La anorexia, en la mayoría es llevada casi al límite, las hace frágiles muñecas a punto de romperse, pero extrañamente, en ello reside su belleza. Esto, en el contexto del discurso capitalista, cuyo imperativo “consume”, impone significantes como: “nuevo”, “joven”, “brillante”, “veloz”. Por lo que cada año emergen nuevos rostros, se tejen nuevas historias y las pasarelas encumbran “a media docena de diosas de la imagen”[12].

El culto al esqueleto             

Fue a partir de los quince o dieciséis años que una de las chicas de alambre se pasó a la anorexia. “En aquellos días el culto al esqueleto más que a la forma femenina se hizo religión oficial. Los modistos las querían sin nada, sin pecho, sin caderas, casi sin rostro, aunque parezca un contrasentido, andróginas, para poder moldearlas a su antojo con cada colección”[13].

Si se prescinde de la forma dada por el músculo, (la carne), solo queda el esqueleto, y éste es andrógino a primera vista. Es decir, que a la forclusión del sujeto por parte de la ciencia se suma la forclusión de la castración, ejercida por el capitalismo y esto se expresa en esta tendencia a borrar, incluso en la anatomía, las formas diferenciadoras del sexo.

A la declinación de los semblantes paternos, en la contemporaneidad, le es correlativa una inclinación, primero al unisex de la moda, que hace desaparecer la diferencia sexual, pero esta vez, se trata de buscar la igualdad más allá de la ropa, en el esqueleto, en los huesos de las modelos y sus seguidoras.

Es algo más agresivo, donde se reduce el cuerpo a un organismo maleable. Que ellas sean casi sin rostro, sin formas, sin senos, sin cadera, “sin nada”, es la tentativa extrema de borramiento subjetivo. Es la aspiración a una instrumentalización reforzada, es el sueño de que el cuerpo sea una materia informe en el límite de la vida, para ser moldeada de acuerdo al capricho de su manipulador, a saber, la industria de la moda y el mercado capitalista.

Que sean “sin nada”, tiene un impacto subjetivo en ellas, quienes para conseguirlo se matan de hambre, se conectan también con una “nada” en la anorexia: “comen nada”.

Este borramiento tiene sus antecedentes históricos. Relata el autor que en los años veinte del siglo pasado: “el diseñador francés Paul Poiret llegó a prohibirle en cierta ocasión a una periodista inglesa que hablara con una modelo. Le dijo “No hable con las chicas. ¡Ellas no existen!”[14].

Sin embargo, el consumo de masas las hizo existir. Ahora quieren ser imitadas por las mujeres y poseídas por los hombres. Es el valor de imagen fálico o ideal que recubre, no obstante, la dimensión de objeto de goce, porque hay una cosificación radical como precio a pagar.

“Son productos acabados al milímetro [dice un especialista]. Pero incluso la perfección puede mejorarse. Por eso ellas hoy se operan la nariz, los pómulos, los labios, se hacen ampliar la frente, se quitan los dientes del juicio o los molares inmediatos a ellos para que sus rostros sean más chupados”[15].

El cuerpo cosmético está muy presente en esta industria, interviniendo en lo real. En ello la ciencia aporta el quirófano al servicio del ideal de la belleza a consumir. Ya no es un delirio, esa transformación corporal está materializada como una oferta quirúrgica.

La singularidad del objeto mirada
Lo que “salva” a algunas de volverse un desecho inutilizable demasiado pronto, es su singularidad: “no todas servían, no bastaba con estar delgadas. La magia de esas chicas reside en lo que desprenden, lo que emanan. Es como un aroma visual que las distingue”[16].

Ese “algo” especial que seduce a quien las descubre y piensa puede transmitirse a los demás concierne al objeto mirada.
“se puede estudiar para ser modelo, sí, pero nadie puede enseñarte a mirar a una cámara. Esa mirada lo es todo. Y en su caso toda ella se salía, atravesaba el espacio, se te metía dentro. ¡La misma cámara la quería, que es algo esencial! No sólo eran aquellos ojos siempre tristes, su aspecto lánguido, su inocencia plagada de ternuras, también era el morbo que eso producía”[17].

En otro pasaje se intenta objetivar mejor ese objeto: “ese algo indefinible que tiene una entre un millón, casi mágico, que te atrapa y te enamora, seas de donde seas, tengas la edad que tengas y hagas lo que hagas, mientras seas un humano con emociones”[18]. Pero solo una de tanto en tanto lograba “meterse en la mente de alguien con solo mirarle, era un don”[19].

La tentativa de materializar esa singularidad no desfallece en el libro, en otro pasaje habla de que lo que diferencia una top model de una modelo vulgar es “un halo invisible que la hace distinta, que enamora al espectador, a la cámara, y que transmite la sutil droga del deseo”[20].

En el imperio en que la imagen reina, el objeto mirada es que dirige esa elección, es el que se pone en el cénit de esta subcultura, no para vigilar sino para explotar la contemplación. Hacer de las chicas del instrumento al servicio del goce voyerista mercantilizado. Es el objeto escópico que prevalece en esta industria, y en el que la caducidad se acelera.

Lo que se vende es la imagen al lado de la mercancía que promociona, vestido u objeto. Y para ello se le exige a la top model “ser camaleónica, parecer siempre distinta aún siendo ella misma, mostrarse vulnerable pero también altiva, y mezclar sentimientos como la tristeza con la desvergüenza, el carácter de una diosa con la ternura de una novia. Venden imagen, pero además, se venden a sí mismas”[21].

Se pide entonces un máximo de fragmentación subjetiva, casi esquizofrénico, y una combinación de pasiones que la cámara debe capturar.

La no-relación sexual adolescente

Si bien, lo que se pone de presente en el ideal de estas chicas es “lucir hermosos vestidos en las pasarelas, viajar, ser famosas, ir a fiestas, ganar cinco millones de pesetas por día, y enamorar cantantes de rock”[22],  muchas aspiran a encontrar el amor y una situación estable antes de ellas mismas pasar de moda como los objetos que ofertan.
Pero lo que usualmente acontece, por tener un trabajo nómada, que las pone a vivir en un “no-lugar”, como aeropuertos, hoteles y pasarelas, es que no hay tiempo del romance y las distancias se alargan. Esas circunstancias modifican los encuentros amorosos y sus códigos. Así se ilustra el encuentro en una noche entre una modelo con un cantante de rock:
“a lo peor ya no se vuelven a cruzar sus destinos. Lo normal era eso: conocerse, mirarse, saber lo que iba a pasar, y ya no hacerse ascos […] fue electrizante [Pero] Yo estaba en plena gira por España, y ella en pleno trabajo por todo el mundo. 

Teníamos que vernos en París, en Milán o en New York tanto como en Oviedo, Vigo o Zaragoza. Una locura. No habría resultado [...] éramos nómadas del mundo del espectáculo”[23].

Son las formas de expresar el desencuentro fundamental de los sexos, la ausencia de una fórmula para la relación entre los sexos inscrita en lo real aplicada a estas personas, esas son sus razones, lo efímero, que hace que toda relación sea tan pasajera como la anterior. Pues ninguno quiere renunciar a su carrera individual.

Lo que una de las chicas de alambre inspiraba en uno de sus amantes, en su “melancólica delgadez” era “unos enormes deseos de protegerla, de darle amparo, quererla, acariciarla”[24]. Es una mezcla entre un sentimiento paternal incestuosamente mezclado con lo erótico. Son chicas menores de edad y ahí yace el morbo, que también satisface una cierta pedofilia social, son las lolitas dadas a ver en el espectáculo de las pasarelas, aunque sea un goce envuelto en una estética particular.

Pero esa atracción quiere también explotarse frente a la cámara, está calculada para vender el producto, por lo que se sabe que “esa delgadez extrema despierta compasión, ternura, cariño, vulnerabilidad”[25] y eso, piensa el capitalista conmueve y empuja a comprar.

No obstante, hay una paradoja en las chicas de alambre, y es un carácter altamente narcisista, rinden culto a su cuerpo. Un tonto, amante casual de una de ellas, se quejaba de que ella le decía: “no me aprietes los brazos que me dejas marcas, cuidado con el cuello que se queda rojo y después se nota”[26]. Pero ese culto al cuerpo no les impide destruirlo al ponerlo al límite con la anorexia, la bulimia y la heroína que vienen en muchas a constituirse en partenaire-sinthoma.

La fábrica de modelos para el consumo de masas
La fama como otro de los soportes sociales que apoyan esa aspiración a ser una chica de alambre, parecería que les diera un valor fálico, no sólo a la mirada de los hombres para quienes son posibles, sino para la gente en general. Sus fans

“Era una diosa, y las diosas necesitan devoción”[27], dice uno de los personajes describiendo a una de ellas. Pero es una industria en la que únicamente algunas logran triunfar. En cambio, miles y miles sólo pasan por algunos catálogos baratos, o terminan “de azafatas o bustos en programas de televisión. Nada más, incluido algún que otro cuarentón con pasta al llegar a los veinticinco y comprender que a esa edad ya se es vieja en este mundillo”[28].

Y sin embargo, hay millones de chicas en el mundo que darían la vida por ser una de las que triunfan y una industria dispuesta a jugar “con los sueños de esas protagonistas y con los de las millones de adolescentes que las imitan”[29].

Son niñas que se inician a los doce o trece años, sin asistencia psicológica, sin otra escolaridad que el modelaje, trabajan quince horas diarias, tienen una descompensación horaria con el cambio de ciudades y países, viven sobre una presión que no cesa. Lo que les hace acudir a una vida medicada con tranquilizantes, estupefacientes, además de cocaína o heroína para mantenerse famélicas.

Una instructora que defiende la industria de las modelos expresa:

“Es tan duro que en el fondo todo está en su contra. Si te enamoras estás perdida. Si estás sola, estás perdida. Aviones, aeropuertos, ni soñar con tener un hijo, hombres que van a por ti pensando que pueden comprarte porque debajo de cada modelo hay una puta […] pero basta con el placer que se siente por dentro para superarlo […] Una modelo de pasarela vive en esos minutos que está encima de ella casi toda una vida. Y otra que preste su rostro a una marca de perfumes sabe que su imagen será vista y admirada en todo el mundo. Eso […] es poder y poder es placer”[30].
Y al ser interrogada por “¿Qué es lo peor para una modela joven?” respondió: “La familia y los novios […] Ser modelo exige una disciplina total, entrega total, vida total…y sentirse modelo las 24 horas del día, por dentro y por fuera”[31].

Detrás de una fotografía de un bello rostro anunciando cualquier mercancía, detrás de un desfile de modas, encontramos entonces una férrea industria de cuerpos disciplinados, que desaloja el sujeto de sí mismo y se enriquece a costa de las chicas de alambre y del consumo de masas de sus imágenes.



[1] Jordi Sierra i Fabra, Las chicas de alambre, Bogotá, Alfaguara, 2001.
[2] Ibíd, p. 16.
[3] Ibíd., p. 17.
[4] Ibíd., p. 19
[5] Ibíd., 17.
[6] Ibíd., p. 74.
[7] Ibíd., p. 81.
[8] Ibíd., p. 90.
[9] Ibíd., p. 69.
[10] Ibíd., p. 18.
[11] Ibíd.
[12] Ibíd., p. 19.
[13] Ibíd., p. 32. Las itálicas son mías.
[14] Ibíd., p. 82
 [15] Ibíd., p. 83.
[16] Ibíd., p. 32. Las itálicas son mías.
[17] Ibíd.,  p. 33.
[18] Ibíd.., p. 38.
[19] Ibíd., p. 73.
[20] Ibíd., p. 82.
[21] Ibíd., p. 83.
[22] Ibíd., p. 40.
[23] Ibíd., págs. 66-67.
[24] Ibíd.., p. 68.
[25] Ibíd., p. 83.
[26] Ibíd., p. 62.
[27] Ibíd., p. 69.
[28] Ibíd., p. 72.
[29] Ibíd., p. 74.
[30] Ibíd., p. 102.
[31] Ibíd., p.103

domingo, 13 de octubre de 2013

¿seguir comiendo cuento?

Octubre 13 de 2013
Otra historia mal contada.
Roberto Gámez

Ahora que llegó el tan nombrado “descubrimiento de América” es fácil darse a la tarea de preguntarse ¿Por qué la cultura occidental sigue afirmando que el español, Cristóbal Colón descubrió América? Cuando la realidad a simple vista es aplastante y, las evidencias están corroboradas bajo una serie de investigaciones de estudiosos. Para referenciarlo a partir de la literatura tomaré el libro de Gavin Menzies, marino retirado proveniente de la Naval británica, capitán de submarino, cartógrafo y astro navegante, titulado, “1421 el año en que china descubrió el mundo”, en este texto narra la historia de Zhu Di, el tercer emperador de la dinastía Ming (1402-1424), quien deseó cartografiar el mundo, y a su vez hacer seguidores a sus habitantes; para toda esta empresa mandó una flota bastante acuerpada a navegar el mundo al mando del almirante Zheng He.
En su trayecto de tres años logran llegar a las costas de la India y África oriental y luego a territorio desconocido, atravesando el estrecho de Magallanes y de allí  bajo las corrientes marinas arribaron a las costas sudamericanas. Luego se divide la flota atracando en diferentes sitios del continente, más tarde denominado americano. Después de tres años regresan a Japón, donde son recibidos con un nuevo mandatario quien va a cerrar todas las pretensiones del anterior, ya que la economía del momento es su prioridad, y una de sus grandes gastos fue justamente el patrocinio del viaje. Lo que hace el escritor formado en la navegación además del relato, fue buscar las evidencias que corroboran su texto, de tal manera que, argumenta desde su conocimiento cartográfico, historia económica oriental,  vestigios arqueológicos tales como: cerámicas, juncos, flora fauna y hasta documentos que van a confirmar su hipótesis. Recordemos que los chinos en la edad media fueron grandes cartógrafos, inventores, y capaces de medir latitudes y altitudes antes que lo hicieran los europeos.
Todo lo anterior para desvirtuar la pretensión española de conquista, ya que estos no conquistaron nada, lo que hicieron fue atropellar unas culturas asentadas. De igual forma como se ve el texto de Menzies, se pueden observar los especiales de la serie History Chanel titulados ¿Quién descubrió América?, en los que da evidencias de la presencia de navegantes en América antes del señor Colón. 

Pero nada de lo anterior parece permear el pensamiento de los gestores de la cultura; todavía se sigue hablando de Colón como descubridor; si algo hay que abonar al hallazgo serian en definitivas dos situaciones claras: una, la lengua, y dos, el mestizaje; de un lado tenemos el español más rico en diversidad ya que además del impuesto, conservamos mucho de nuestros ancestros, y de otro lado, nadie mejor para la variable de razas; a estas alturas creo que no existe la posibilidad de hablar de un tajo sobre razas, aquí somos mestizos con una gama cromática muy amplia. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Nuestras vidas como se pasan

La vida en un solo tejido


La sensación que queda después de leer los tres primeros cantos de la Odisea, es de aventuras, acciones que devienen en una horda de acontecimientos al parecer atropellados. Pero en medio de este bártulo de sucesos están los personajes que se asoman como nutrias en madriguera; muchos de ellos a cada paso son dioses, semidioses, hombres, héroes, con y sin importancia aparente. Entre todos los personajes que se plantean en estos primeros cantos, vemos la figura sobresaliente de Penélope: esposa de Odiseo y consecuente con su figura de mujer romántica; esta figura que está en contraposición con la de Odiseo que vive atrapado en la isla con Calipso, forman la dualidad a resolver. La historia en los tres cantos iniciales muestran a una mujer sagaz y bastante astuta; astucia que entre otras cosas, no se considera como parte natural en el entorno femenino, por lo tanto, ver una mujer con las destrezas y alcances de Penélope, son verdaderamente curiosas en la vida de Grecia. Pero no es solamente la actitud que asume ella, son también sus actos, entre los que se destacan aquellos que ponen a discreción a los pretendientes que asedian la casa en busca de compromiso. Esta mujer en el engaño de su tejido, busca dejar que el tiempo transcurra, y con este, se vayan las ilusiones de los interesados en la tierra de Odiseo. la pregunta que surge después del descubrimiento del engaño será: ¿Quién es el engañado? Ellos porque se creyeron que ella terminaría el tejido, o ella que creía que nunca se darían cuenta. La vida siendo un tejido, oscilará siempre en ese sentido; tejemos y destejemos nuestros sueños, nuestro relaciones, nuestros compromisos, y todo pensando con el sentir de Penélope; en nuestras vidas aparece el engaño como inherente de todo quehacer; en algunos casos se llega incluso a creerse la mentira que se construye. La mitomanía ya no es ajena en esta densa forma de existencia. Parafraseando un poco a Chejov, la prosaica y poco poética existencia, frente al goce de poder enfrentarla a la vida, la primera mata la gana de vivir, mientras que la segunda busca salida, aunque su huida sea solo otra mentira más.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Cambiando la película

Después de tanto voltear hemos decidido trabajar en los mismos términos de los estudiantes, de tal manera que, como propuesta se debe ver refrescante. acá hago la publicación de los textos que se presentaron en el grupo de planeación. cualquier pregunta con todo gusto la trataré de resolver.

Ejemplo de portafolio

¿qué es y para qué sirve el portafolio?

Rúbrica del portafolio

Plan de asignatura de noveno

Plan de asignatura de décimo





lunes, 12 de agosto de 2013

Respirar por salud.

Las vacaciones.


Escribir desde el reposado periplo de las vacaciones, es verdaderamente descongestionante: sin tareas pendientes, notas que pasar, apuntes que revisar y otro sin fin de quehaceres propios de nuestra cotidianidad como docentes, todo esto es de por si maravilloso; pues bien, las vacaciones –festividades religiosas, patrias, tradicionales y demás- tienen una notación histórica variada interesante y no la podemos ver en el mero deambular, es decir, no podemos ver estas como el simple hecho o una determinación de gobierno, pues, tras de ella está toda una tradición que la secunda.
Para empezar considero que los anales de los tiempos de tranquilidad están en las festividades griegas, donde se reunían a ver las tragedias, aquellas épocas de vendimias eran las propicias para descansar observando toda esa propuesta escénica  en medio de la producción de la uva; así, entre algo de bebida y un poco de teatro descansaban los griegos -sin ser esta, la connotación de vacaciones que tenemos hoy día-; pero, si los griegos disfrutaban de días de entretenimiento, los romanos no fueron ajenos a  éstos espacios: sus grandes espectáculos excéntricos los llevaron a considerar fiestas para todo, llegando incluso a la fatalidad, como lo fue “el circo Romano” donde parte de sus presentaciones incluían gladiadores, fieras devorando a judíos, entre otras. Al lado de estos espacios momentáneos, la historia nos relata los inicios de unas vacaciones lejos de los puntos de residencia: se inicia cuando el emperador Adriano envía a construir una vía que comunica a Roma con España -llamada por la época “Galia”- y esta a su vez con la región del rio Danubio. Para los veranos las familias patricias y funcionarios romanos, salían a disfrutar de aquellas carreteras contemplando sus paisajes y obviamente cambiando de ambiente, estos realizaban sus viajes en carruajes tirados por caballos llamados pilentum y carpentum.
Ya sea observando un espectáculo en temporadas cortas -saliendo de la rutina- o viajando propiamente, lo cierto es que disfrutamos de estos tiempos. Para la edad media en las partidas de Alfonso X el sabio, hace constar en sus textos que los jueces fueron los primeros en otorgárselas en el verano, todo debido a la baja actividad de la época. A esta decisión se le adicionó el clero, y con este vienen las vacaciones escolares.
La costumbre de ahí en delante de veranear se popularizó entre la aristocracia francesa del siglo XVIII. Con esta actividad se puede decir que se dio el llamado “turismo moderno”. Con los desplazamientos se van a ver afectados los medios de transporte, las localidades adonde se llega y los sitios que deben recrear el mantenimiento de las personas. En el libro "Orígenes de la Francia Contemporánea", Hipólito Taine, menciona cómo la idea de veranear se impuso entre los aristócratas franceses en 1800. Iniciando el verano, abandonaban sus mansiones parisinas para viajar a la región de Champagne. Se trasladaban en larguísimas caravanas que incluían coches, caballos, sirvientes, animales y hasta médicos personales. Una vez instalados en su lugar de veraneo, se dedicaban a cazar, comer, beber, bailar y recibir invitados. En 1836 se publicaron en Alemania las primeras guías de viajeros y empezaron a construirse hoteles en los nuevos balnearios. Recién después de 1850, con la expansión del ferrocarril, las clases populares pudieron hacer sus primeras incursiones en el turismo programado.
Los días de descanso se fueron extendiendo tanto que, en 1936, el gobierno francés tuvo que aprobar una serie de derechos sociales que incluían el reconocimiento a las vacaciones pagadas.
La especialista Roxana Kreimer explica que "en el siglo XX nace el ideal de vacaciones para todos, avalado por la publicidad y los medios de prensa". En el período de entreguerras, la radio y la prensa escrita comienzan a divulgar la idea de que la verdadera vida ya no residía en el trabajo, ni en los negocios, ni en la política, ni en la religión, sino en las vacaciones. "Unos pocos días al año propiciarían la verdadera vida, en la que se aseguraba la liberación de un cuerpo que empezaba a ser comprendido como el ámbito por excelencia de la identidad personal", enfatiza Kreimer. Este aparte me lleva a parafrasear al escritor ruso Antón Chejov, cuando mencionaba lo prosaica y poco poética que tiene la existencia, frente al disfrute y alegría que es la vida misma.
De historia entonces se puede ver que si estamos de vacaciones, estas han costado todo un recorrido y no se limita a la decisión de algunos. Ahora pensemos ¿por qué de las vacaciones? Son justamente el respiro de la cotidianidad, ese mismo que hace que no podamos crear; en el ejercicio propiamente del día a día la persona se ve envuelto en su producción, y no en su creación; cuando se hace la evaluación del año es cuando se necesita oxigenar para volver a re-pensar la cotidianidad. Nos mataríamos si no existieran los periplos vacacionales y no importa si estos son asuetos, de todas formas necesitamos de ellos, para seguir adelante.
Espero que hayan pasado unas vacaciones descansadas y re-pensadas para continuar en esta tarea de hacer mejores personas para una humanidad que necesita humanizarse, que dejemos las diferencias y caminemos unidos en pos de un planeta mejor.

Webgrafia: